domingo, 1 de octubre de 2017

Revista nº 83 -Espacio del Poeta


Revista nº 83 -Espacio del Poeta

REVISTA LITERARIA DE HABLA HISPANA


Octubre 2017
Francisco Duprat                                      Oleo sobre lienzo



















Olvido




Perturba la noche caprichosa,
duendes del silencio aparecen,
acompaña la luna
con gesto impensado,
nada entiende de mis anhelos
Realidad ...
voy por la vida
abrazando tus momentos,
no puedo elegir,
nada hará que te olvide,
¿sabes?
a veces...
me derivo a otro lugar,
límite infinito,
giro vertiginosa en derredor
para tratar dejarte en el olvido
Soy molécula
viajando sin destino,
tan increíblemente pequeña...
tan insignificante en tu olvido

Armelinda Nuñez -Uruguay





La mudanza
Lucía con una sorpresa de esas que jamás queremos que nos toquen en el camino. Amargura y tristeza fueron sus componentes principales en su sendero que no lo abandonó nunca. 
Llegando a casa con la ilusión de abrazar a su familia el panorama era totalmente diferente con las paredes vacías. Ese día fue su vuelta oscura a casa. Esa mañana jamás pensó que su retorno a su hogar sería el vacío en su alma. Venía como cualquier día a compartir en familia pero la realidad era otra distinta a lo que él creía vivir.
Bajó de su auto nuevo, se dirigió a la puerta como era su costumbre, colocó la llave en la puerta girando la misma pensando que pronto cenaría alguna comida rica como siempre al regresar de su trabajo encontrándose a sus seres queridos su amada esposa y sus hijos, viendo las tareas del hogar de la escuela de sus hijos. Al abrir todo cambió y solo se veían las paredes peladas con la pintura en ellas desnudas y frías que llegaba a calar los huesos de la impresión fuerte y difícil del momento revelado. La mirada estaba vacía... ¿qué pasó...? lo cotidiano que vestía bonita cada habitación ni los amores que él creía tener nada allí estaba.
La desilusión, el trago de saliva amargo y la pena recién descubiertos ya se comenzaba a asimilar con aplomo como era su modo. Se supo que con gran amargura años atrás abrió la puerta de entrada a su casa y cruzó la calle a los vecinos con los cuales tenía confianza preguntando si ellos pudieron ver algo. Cuando se sentó y comenzaron a hablar lo sucedido el hombre ensombrecido se calló en el sillón como desplomado del no saber ¿por qué a él le aconteció esto? Y el no poder comprender y asimilar las acciones porque ellas tenían un sentido para él y que al parecer no era así. Comenzó a conversar con ellos de lo acontecido.
La sorpresa fue que nada sabían y que sólo les llamó la atención que al regresar a casa ambos esposos del trabajo vieron un camión de mudanza irse y no saber nada que ellos sus vecinos pensaban mudarse y sin despedirse creyendo que tenían una amistad. Al saber y comprender lo sucedido se dispusieron a prestarles algunas cosas necesarias para esa noche y el día siguiente como sabanas, mantas, almohada.
Hombre sufrido de muchos años dolorosos que era normal en su rostro, algo desconfiado por momentos pero no era todo habitual y sí real en los sentimientos de Joseph. 

Ana María Manuel Rosa- San Rafael- Mendoza- Argentina


Al detener







Detuvo el trompo 
y contempló 
Sin despegar
y en desdén
Hundida en la mujer
¿qué anudaba?










Ana Romano Buenos Aires- Argentina










Huida

Hoy te han dicho que me fui,
que no explique mi partida,
y algunos pensaran,
que fue un capricho de mi vida.

Mis motivos sin duda, 
están llenos de razones,
esas que los años me dan,
y que la vida me impone.

Las razones de mi vida,
tú ya sabes el porqué,
si no las cuento
tú, las tienes que comprender,
pues me ahogan mujer.

Dicen que soy pesimista,
de mal carácter y gruñón,
tú, conoces mis defectos
y esa, no es la razón.

Si al partir crees que huyo
que equivocada estas,
solo evito enfrentamientos
de esta cruel sociedad.

La sociedad que nos etiqueta
hoy y nos quiere dominar,
anulando nuestros sentimientos
y marcándonos hasta el final.

Me rebelo! Y tú lo sabes
mis proyectos quiero realizar,
ser feliz con lo que me gusta
sin imposiciones de los demás.


Antonio Costa Imbernón -Torrevieja - Alicante-España




Indiferencia
Del libro ¿En que piensas?





A fuego lento,
consumí la espera
creyendo que me querías
y pasaste sin recuerdos.

Cruel amor que yo pagué.

No me guardaste en tu memoria.
Solo en el iris de tus ojos.

todas las cosas no son buenas
ni son totalmente bellas.
Hay defectos que no nos gustan.





Antonio Monzonís Guillén- Valencia- España





Dibújame


Dibújame en la oscuridad,
cuando no haya nadie, 
cuando la luz apenas,
crepite onagras de primavera,
tras lo ardiente de tu mirar.
Cuando el deseo,
tiemble en alas de las estrellas
y en capullos de candelas
se derritan callados
nuestros labios al besar.

Dibújame en la oscuridad,
con manos dueñas,
recorre enteras
las blancas perlas,
que brillan  satinadas
su  donada identidad

Perfuma la noche,
con el licor del delirio,
sueña conmigo,
en un rincón escondido,
donde el amor proclame,
con algún sentido, su libertad.

Dibújame en la noche,
¡con lluvia fresca!
pronunciando el mutismo,
donde a galope,
puedas recorrerme entera
bajo la fronda inalterable de la oscuridad.

Araceli García.-Mexico


El bazar de los niños



Esta noche las palomas están trepando las nubes
están llevando unas cartas
a los luceros que vierten en los sueños de la vida
plumillas de porcelana y caracolas de elogios.
Instaladas en los templos
de las plegarias sagradas
despliegan sus emociones en el arca de los tristes
delineando con sus alas amores de sedas dulces.
Hay aroma a nuevos tiempos en el bazar de los niños
ellos llegarán con ecos
hilados de encaje místico
y pondrán ante los hombres la pureza de su espíritu
bordado que no se trunca
ni en la noche más oscura.
Llegarán con sus cantares desde el misterio del orbe
allí donde todo brilla
allí donde todo asombra
y dejaran un milagro en la almohada de los hombres.



Beatriz Ojeda.-Uruguay





Sin descanso






Continúan saliendo del almohadón
hojas caducas del otoño pasado.
Mi bolsillo de sueños elípticos.

Es hora de encuadernar
antes de que lleguen con la primavera
las aves que baten bisoñas plumas
sobre el musgo que crece
en los viejos versos. 









Begoña Martínez- Guadalajara- España















Cuando la soledad se rebele



De su letargo en silencio
Tal vez no habrá cantos de gallo,
a punta de madrugada.

Quizás mis manos se crispen
para acallar...
 El lamento de mi cuerpo.
Un sol de media tarde, intente abrir mis párpados
Para mirar la vida, entre cristales salobres
que se deshielen en la profundidad del mar.

La soledad, esta soledad tan mía,
Quiere un puerto donde atar mis largas trenzas,
Y se desaten en velas que surquen el gran océano.
¿Dónde se escondió el marino, que juro lavar de algas
mi cuerpo enhiesto, fondear su boca en el precipicio
de mi colina de estación menguante?

Cuando esta soledad se rebele, el eco de la montaña
Se rasgara entre el follaje y una tormenta de manos
donde florezcan pistilos te buscara como desvelado roció.

…Y la soledad taciturna abrirá el paso; se soltara al viento
Hasta lograr marinero me hagas compañía ...
En mi regazo de algas.




Carmen Guzman Cedeño.- Venezuela




Rayas en el agua





¿ Qué vocabulario de palabras
han despertado 
de la noche al alba..?
más yo siento 
en mi cuerpo todo el peso
de su espolón de plata.
Más yo siento 
que estremece el aire
los alaridos deseos de mi alma.

Nadie podrá comprender
si fueron secretos
de rayas en el agua
o hojas que arrojó el viento
en una helada madrugada.

No sé si llegaran mis raíces
hasta la misma boca
de la cultura idealizada
y hagan brotar 
el diamante azul
de la mañana,
o dejar arrastrarme como cometa
hacia el valle
de la voz ignorada,
donde duerme en espesa niebla
toda la luz marchitada.

Clotilde.Román- España
La taberna de los sueños rescatados


Era pequeña la taberna,
hecha de madera y recuerdos.
Sus sillas se mostraban amables
y se sonrojaban por el toque del tiempo
que me trajo esa mañana 
olor a nostalgia entusiasmada.
Una de ellas me invitó a sentarme.
Pareciera que me llamara a mirar en rededor.
A sorprenderme a cada instante.
A escuchar cuentos y canciones
que improvisen sus finales.
Pareciera que me incitara a mirar a los ojos al camino
y pedirle que se dejara de prisas.
A explicarle a los minutos
que si sueñan muy fuerte pueden ser eternos,
y si ellos quisieran,
en la habitación de los sueños 
harían de su tic tac una historia interminable.
Pareciera esa taberna 
que me invitara a colorear los adoquines de la calle,
a dejar a la suerte la puerta abierta,
a beber cerveza fría y a reír
como ríen los idiotas que no sondean el mañana.
Esa mañana volví a ondear la bandera 
que corona la patria
de la emoción de vivir sin pensarlo demasiado.
Esa mañana volví a saludar 
a las alegrías que un día me negaron el saludo.
Esa mañana,
no recuerdo la hora,
sin preguntar a los motivos por sus nombres,
volví a sonreír.
En la taberna de los sueños rescatados.


Cristina Díaz Aragón-Puertollano-Castilla la mancha-España
Adelheid





Se arrodilló en la nieve y ahí mismo
ahí donde caía
brotó verde la hierba
tierna como si fuera
verano cuando el verde es más perfecto,
si en vez de invierno julio
un día de septiembre.
Era hierba y crecía sin semilla.
Estaba blanca nieve lívida
mordida por el frío
y respiraba apenas
un aire entre los dientes.
Las yemas de los dedos secas,
los labios muertos, las rodillas rotas
manchadas por la savia de esas hojas
recién nacidas de una fuerza
innominada.
Eleonora González Capria Buenos Aires










Se dice que somos actos y no rostros







No durará mi rostro
más allá
del último acto que lo enfrente.
Sean luces o sombras
la guía de la última mirada,
portarán un hecho inalienable,
el recuerdo de lo que tras de mí
prosiga la siembra y la cosecha
de ajenos campos roturados.
Sujetar un instante el ardor
o el hielo de unos ojos,
hacerlos míos sin más armas
que un poco de silencio y de ternura,
dejar fijarse en el espejo
lo que la noche negó sin aspavientos.
Por qué la injusticia de negar el rostro
cuando los actos que rigen la memoria
dejen de llevar, entonces, nuestro nombre.





Esteban Cabrejas Martín- España





Mirando el mar


A  Antu, niño.






Las criaturas del mar son coloridas 
y los misteriosos colores,
encierran defensas y venenos,
un color siempre define un espacio.
La vida vino de allí
y afuera es aire
y es la mariposa que copia la fragilidad de la flor
y la enamora.
todo se asocia y se ayuda.
Ellos son el día en la oscuridad de la creación,
gárgolas vivas en un oráculo de luz
que adivinan y discuten
la suerte del alba
desde lo profundo.



Hector Berenguer- Rosario- Argentina





Sobrevida

Sobrevida- Antología poética






Dame noche
las convenidas esperanzas,
dame no ya tu paz,
dame milagro,
dame al fin tu parcela,
porción del paraíso,
tu azul jardín cerrado,
tus pájaros sin canto.
Dame, en cuanto cierre
los ojos de la cara,
tus dos manos de sueño
que encaminan y hielan,
dame con qué encontrarme
dame, como una espada,
el camino que pasa
por el filo del miedo,
una luna sin sombra,
una música apenas oída
y ya aprendida,
dame, noche, verdad
para mí sola
tiempo para mí sola,
sobrevida.


Ida Vitale-Montevideo


Siento tu ausencia



en mi sonrisa,
y convierto la sal
en pétalos de amapola.
Pesa sobre mi pecho
el vacío de tu cuerpo,
y vuelvo a rodar otra vez
sobre lomos de libros
con sabor a esperanza.
Llegará un día
donde pueda abrazarte,
tan suave y tan cálido
como aquel día de otoño
en el filo de la vida.
Y así impaciente
escuchar tu voz serena
donde nace un verso,
volver a sentir tus notas
entre el suspiro blanco y negro
de tu piano roto.

Isabel Garrido- España








De gurús y de brujas


Aquella tarde, el gurú le dijo al indeciso alumno: si no te gusta tu vida, invéntatela. Y antes de salir de la sesión de autoayuda ya había tomado la decisión de reinventarse. Pero para ello debía primero matar a ese personaje que ya no quería ser.
Se fue a vivir a un país de nombre casi impronunciable. Alquiló una habitación en un hostal de una estrella, pues no estaba su bolsillo para grandes gastos; más que un hostal era como una comuna internacional formada por gente con ideologías diferentes y costumbres variadas: un hombre ya mayor que siempre iba acompañado del recuerdo de su hijo perdido, una mujer que se pasaba horas sentada en el puerto esperando un regreso de quien un día huyó para siempre, las dos gemelas que decían ser iguales pero que no se parecían en absoluto.
Todas las noches, antes de acostarse, se sentaban en círculo en el suelo y cada cual contaba su vida. Un sinfín de vidas, de historias cargadas de alegrías y tristezas que le conmovieron profundamente.
Hasta que le llegó el turno a él. No sabía cómo empezar su historia. Solo acertó a decir que quería morir para renacer de nuevo, pero que no encontraba la manera de hacerlo.
Le dieron varias ideas, pero ninguna terminó de convencerle. Una de las gemelas, apodada “la bruja”, le propuso convertirse en una pieza de ajedrez: en rey, por ejemplo. Ella haría de reina y con una jugada maestra le daría el jaque. Antes de que su corazón dejara de latir, recogería su último aliento y lo lanzaría al aire. El rey solo debía llegar al pico más alto de la montaña y recorrerlo hasta encontrar la piedra mágica.
—La reconocerás enseguida —le dijo—. Es una piedra muy rara, de forma circular, que tiene un agujero en el centro. Solo tienes que atravesarlo. Al salir por el otro extremo te habrás convertido en el hombre que siempre has soñado ser. Pero tienes que pensártelo muy bien, pues una vez atravesado el agujero, la piedra desaparecerá y ya nunca volverás a ser quien eras.
—¿Sabes de alguien que lo haya hecho? —preguntó él, incrédulo.
—No, yo no, pero un joven me contó la historia de alguien que se transformó en otra persona. Sin embargo, pasado un tiempo le entró una desesperación muy grande por volver a ser quien era. No lo consiguió. Cansado y envejecido, un día se acostó y se durmió para siempre abrazado al recuerdo de su yo anterior.
Al día siguiente, el indeciso alumno del gurú se levantó muy temprano, recogió sus bártulos y, con la lección aprendida, volvió  a su casa a lomos de su propio yo

Jone Miren Asteinza- España

La dueña


-Perdón.
El subtítulo quedó fijo en la pantalla del televisor, desde el ángulo alto de la sala, mientras una mujer se inclinaba sobre el lecho y respondía en inglés.
Tomó un bocado suave del plato y lo tragó sin saborearlo. Los subtítulos cambiaron tan rápidamente que no pudo seguirlos. Allá arriba, en el vidrio coloreado, un abrazo, lágrimas fingidas y una puerta que clausuraba la escena.
Se llevó a la boca las tres píldoras y unos sorbos de agua. Miró por la ventana abierta al patio. El perfume cálido de las madreselvas entraba en oleadas, mezclándose con los olores de la cocina. El silencio hueco de la noche absorbía los ruidos de cubiertos, las conversaciones reposadas y el trajín de las mesas. Alzó la vista, se acomodó los anteojos y buscó por el cielo ese punto brillante de siempre. Ahí estaba, sobre la ladera este de la sierra, con su luz redondeada, destacándose de los otros fragmentos incandescentes que parecían habérsele desprendido alguna vez sin que nada ni nadie volviera a reunirlos. Era su estrella. Alguna vez la había poseído, porque sí, por capricho, en la niñez que ya no recordaba, remota y sepultada por tantas cosas. 
La pantalla disparaba imágenes violentas. Las sentía reflejarse sobre los anteojos curvos mientras su vista, fija en el cielo, quería guardar para el resto de la noche la permanencia quieta de un tiempo rodeado por pedacitos de luz que nadie barrería. Sólo ese punto lejano permanecía, suyo, lo podía gozar como a una joya mientras en la sala una mano ordenaba cambios absurdos de colores, voces y estampidos, y otra había dejado en su plato una manzana sin sabor. 
Veía a los hombres correr sobre el campo de un verde perfecto y luchar con un entusiasmo ajeno al suyo. Unos números cambiaron y un murmullo recorrió la sala. Sintió su peso enorme sobre la silla, la necesidad de llegar al baño y descargar luego su cuerpo en la cama. La estrella flotaba adelante, libre, fresca sobre la atmósfera del verano.
Caminó apoyada en el bastón por el pasillo en que se alineaban las habitaciones, sumergida en ese aire siempre agrio. Un momento en el baño. El temor de desplomarse antes de llegar a la cama, aferrada a las paredes. Todo era su cuerpo, sus dolores, su miedo. Apenas en algún lugar profundo de su memoria brillaba todavía la joya del cielo, inmóvil y a la vez recorriendo etapas adormecidas de su vida. Una casa. El olor de la leña. Otra cama. Unos pasos livianos. Voces. Abrazos. Mañana...
Se recostó, inclinada hacia el rectángulo de la ventana. Por los listones de plástico entreabierto podía aún contemplar la claridad de afuera. Algo había allá que la unía al mundo. Acarició los retratos con los que despedía cada jornada. Dos caritas sonrientes en uno, enmarcadas en el oro de los cabellos, mirándola sin verla. A los diez años, sí, más o menos a la edad en que ella se había apoderado de su tesoro brillante. En el otro, la más pequeña. La pícara de ojos negros que parecía reclamarla. Los besó, uno por uno. Quiso creer que la abrazaban, mientras se sentía flotar, como si ahora su cuerpo empezara a desaparecer. Las píldoras actuaban, programadas. Las líneas de luz de la ventana se borraban. Alguien le quitó los anteojos, la arropó con una sábana y entornó la puerta. Empezó a penetrar la oscuridad y el silencio. Habían desconectado su energía. Dejaba de ser, una vez más, libre del peso y las molestias, pero dueña de nada. Como si se internara en su propia inexistencia, sin recuerdos, sin deseos, sin mundo de afuera ni de adentro. Se adormecía, consciente de deslizarse hacia una mañana de enero igual a las otras, vacía, mecánica, a otro día caluroso sin nombres de lunes, martes o domingo que ya no tenían sentido.
El amanecer la despertó sin sobresalto. Estuvo varias horas recobrando su ser, boca arriba, como si renaciera a cada cosa, las de adentro y las otras, las que volvían a reclamarle que continuara: los vestidos, el bastón, el baño, los cabellos resecos que trató de acomodar con un poco de coquetería y el tránsito dificultoso hacia la sala común, hasta su mesa.
El ambiente era abierto, extraño. Un día distinto entre los días. No habían encendido el televisor y las puertas del patio, de par en par, concentraban la atención de todos. Desde afuera llegaban risas de niños y voces que trataban de contenerlos, un movimiento que no pudo explicarse hasta que los vio llegar a su mesa, alborotados, sonriéndole como si se hubiesen escapado del retrato plano de la habitación. Eran sus tres amores los que corrían a ella, despertándola al pronunciar su nombre. Los dos que traían oro en los cabellos, más puro que las coronas de papel con que se habían adornado, cada uno con una enorme bolsa el hombro que los hacía tropezar y reír. Y la pequeña, con el incienso de sus ojos chispeando como la leña de un tiempo que volvía a cobijarla con abrazos y besos. Traía puesta una capa de lentejuelas que arrastraba en el piso y la cara embadurnada de negro. Su cielo recobrado, su estrella, adelante, siempre adelante para guiarla. La que ahora podía acariciar porque, como lo sabía desde siempre, por capricho, porque sí, de quién podía ser sino suya.

Jorge A. D´Agata- Argentina


Los naturalistas




Cayó granizo en el campo y salimos
con el repasador de la cocina
a levantar las piedras. Mi hermana daba saltos
donde después a mi hermano
lo fue a picar la abeja.

Yo no entendía bien lo que pasaba.
Jamás había visto llover hielo
y no lo volví a ver por una década.
En el congelador, fue la consigna.
Guardábamos la piedra con la mugre
y el barro, el hielo revestido
por las hojitas rotas de los yuyos.

Mamá lo descubrió
después de varios días,
sus gritos ahogados por los gritos
de mi hermano, que se agarraba el brazo
y corría hasta nosotras, llorando.
 
Leonora Gonzalez Capria-España

Estoy aquí
Del poemario Los restos del corazón

Estoy aquí,
añorándote a cada momento
sin saber, si quiera,
si aún existes,
si alguna vez
fuiste real
o, tan solo;
un mero antojo de mi poesía.
Estoy aquí,
donde la superflua ilusión
se hace esquiva y puñetera,
esperando...
sin saber bien;
qué o a quién.
Estoy aquí,
a donde las musas no llegan
por temor a emponzoñarse 
con la bilis dulce de la soledad.
Estoy aquí,
en este lugar...
sin tener la más nimia idea
de como llegué,
ni de donde estoy...
y sin saber;
si este aquí tan infestado de reproches
ha de hacerme bien alguno.
Estoy aquí,
donde los incendios arden
bajo el agua del olvido
y las lágrimas;
son cenizas húmedas que se reiteran como el sol,
cada mañana.
Estoy aquí,
en este maldito lugar
donde tú,
realidad o antojo;
enterraste, al descubierto,
los restos de mi corazón…

Manuel Díaz García-España
La sombra de los sauces



La sombra de los sauces
y la tarde
hundiendo su calor sobre
la siesta.
Y un perfume a lila que regresa,
con un aire de perfume
que me impregna.
Murmullos de pájaros
que arrullan a sus pichones.
Y un sabor a frutos que me llega
desde el eco abismal
de la cosecha.
Calla, la casa, calla
en un silencio ritual que la rodea
con su tiempo de magia
que regresa.
Tiempo de juegos,de rondas
y promesas.
De la madre pintando de inocencia
la dulce tarde que se aleja,
casi sin darse cuenta,
que muere por su luz,
que ya se quiebra.
En sombras oscuras que regresan
hacia ese territorio de la ausencia


María Cristina Cordido- Argentina



Mundo desierto


Al anochecer subí a la terraza
el cielo había oscurecido
los rayos del sol estaban guindados
en la esquina del olvido.
El aroma de tu cuerpo aún quedaba
vistiendo las ramas vacías
lo cogí para perfumar mi vida
y se desvaneció casi enseguida.
Miré al alar de mi alma
la golondrina había volado
perdiéndose entre las nubes
en busca de otro verano.
Perdí la mano que me guiaba
perdí la ilusión y algo más
el silencio se pintó de gris
se fue lo que más amaba.
Hoyos oscuros rompen el horizonte
los recuerdos se columpian con la brisa
la indiferencia cae de la luna
en mi corazón, la soledad se acuna.
Enterré los sueños del ayer,
bajo el pino de la ermita,
la tristeza me conmueve al pensar,
que no te volveré a ver.
Hoy estoy vagando sola
la guitarra se ha callado
un adiós está rondando
tu halo se ha apagado.
Nunca te olvidaré,
mis versos irán cayendo
sin musa no hay pensamiento
en este mundo desierto.

María Eugenia Gulfo Berrocal- Colombia

LUTO :
Luto 


No pude seguir tocando,
porque afuera llovía,
porque todo estaba nublado,
dolía el alma,
dolía el espíritu...
Había iniciado la melodía que mi ser carcomido musitaba,
las notas salían en pequeñas gotas frías que arrancaban lágrimas al sonar...
Al caer,
estremecían el aire helado que respiro,
jadeando de dolor en las cuerdas que tocaba.
Vino la existencia,
tan sombría como el invierno,
recordándome la fragilidad de la vida,
del tiempo,
del espacio.
Vino...
Tan soberbia a posarse a mi lado,
mientras tocaba mi corazón triste,
mientras tocaba una melodía por su existencia...
En segundos me envolvió,
para dejar pasar a la inexistencia de lo que tenía,
de lo que era y ahora ya no es...
Dejé de tocar,
porque la vida dejó de ser y un vacío me lleno,
porque me dolía hasta los huesos el día que dejaste de existir...
Deje de tocar en un instante,
deje de escribir por un momento que se convirtió en:
Un minuto de silencio.


Mibel García- Oaxaca- Mexico


Alas rotas



Mis alas se rompieron
en mil pedazos de olvido.
Entre las maltrechas plumas
que volaron sin mi, 
hacia el infinito cielo,
de estrellas brillantes
y luna llena
mi ilusión se perdió.
Sin porderlas seguir
quede mirando su vuelo.
Soñaba despierta
un sueño de libertad,
que se escapó 
entre mis dedos,
y quede prisionera
perdida en mi recuerdo.
Con mis alas rotas
despierta en mis sueños. 


Neus T.Gómez- España









Verde







Veinte leguas de verde suelo
se arrastran por el paisaje,
verde el color del río,
verde se ha vuelto el aire.
Distintos tonos de verde
se ocultan en el follaje,
verde mi corazón,
verde tengo la sangre,
estoy floreciendo verde
un fuego verde me arde.
Verde mis ojos te ven
rumor verde esperanza,
sueño con verde ilusión
en tierras de verde labranza.
La noche de verde oscuro
la Luna y su verde calma
verde me han puesto la vida
y un claro verde en el alma.

Pablo Barattini Vidal-Córdoba Argentina







Ya se fugó la vida camino de lo amado


De la noche, poema inerte, y de sus negros trazos;
son trechos infinitos de un discurrir en vano;
ya se fugó la vida camino de lo amado
de súbito emergió del cieno en que habitamos.

Mas no se fue completa, se marchó 
su lado de sal y brisa, su zona menos dañada,
el búnker  donde  anidan  los besos en un tarro,
tu boca entre papeles, tu libertad quebrada,
unas pesetas de Franco, un helado de vainilla
y los gatos que maúllan sobre las tejas calientes
en veranos infantiles, inmensos como el verdor
de los pinares eternos, de las marismas... de Luna
para mis ojos abiertos al  amor y sus milagros.

Ya se fugó desnuda, dejé la cancela abierta
y ya estará camino de la esperanza leve,
y seguirá los senderos por donde queden las huellas
de las almas sin heridas...
y yo esperaré tranquilo,
entre las rocas sentado, oteando el horizonte
por si avistará , acaso, un bajel en lontanza,
donde viniesen la luz de mis ojos,
las ganas, algún beso de soslayo
, el olor de los colores,
las horas, los suspiros,
y el grana de tus labios.

Paco José González- Sevilla España

De la Babel antigua…
Del libro Retahilos





De la Babel antigua tengo la piel 
de la muralla china la columna vertebral 
del viejo Cuzco
las heridas y el origen... 
se extinguen en un nirvana propio entre las hojas
que perdí
en la tormenta de otra vida... 
Cuando bebía las virtudes de tus labios 
cuando mirabas al desnudo la carne trémula
y la sangre 
cuando entendías
todos los idiomas
de mi lengua
y no hacía falta abjuración alguna. 




 Patricia Cuaranta-Rosario Argentina






Había una vez…


Había una vez …
una Princesa
que vivía en un jardín
detrás del horizonte
allá , 
lejos....
muy lejos
donde nace el arco iris
con sabor a caramelos.

Era un país lejano
tan lejano…
tanto ¡!!
que quedaba 
del otro lado.

Ahí vivía ella,
La Princesa Caramelos.

Tenia una corona 
llena de flores rojas
con brillitos amarillos
y millones de cristales…
…guantes de fina seda
y vestido almidonado.

La Princesa Caramelos
guantes de fina seda
vestido blanco almidonado.

Carteras con botones 
que estaban desabrochados
un cochecito de muñecas
y zapatos nacarados.

La Princesa Caramelos
guantes de fina seda
vestido blanco almidonado
y zapatos nacarados.

Todas las mañanas
cuando asomaba el sol por su ventana
… servía tecitos de yerba buena
que toman sus muñecas. …

La Princesa Caramelos
guantes de fina seda 
con vestidos blanco almidonado 
zapatos nacarados
y tecitos de yerba buena.

Y en canastos ponía
alfajores de maicena
galletas de chocolate
gelatinas amarillentas
con gustito a limón y menta.

Y alrededor de la mesita
con mantel color violeta
….contaba todos los cuentos
a sus queridas muñecas. 

La Princesa Caramelos …
guantes de fina seda
vestido blanco almidonado
zapatos nacarados …
tecitos de yerba buena
con gustito a limón y menta

La Princesa…Caramelos
era buena …
muy......
muy buena...
….porque amaba a sus muñecas !!!





Pilar Ferrer- Ushuaia- Tierra de fuego- argentina









Sería facil…



Sería fácil decirle “te quiero”
estrecharla en sus brazos,
olvidar las penas en un largo beso…
sería fácil.

Sería fácil revivir sus sueños,
sentir sus caricias calmando las mentes
Vivir sus suspiros sabiéndose amados…
si, sería fácil.


Sería fácil de nuevo pasear de la mano
y con complicidad sentirse amados,
queridos, deseados…
sería fácil.

Mas la realidad se impone,
el destino decide
por más que lo intentan.
Y unidos, en la distancia,
en silencio  se buscan, se lloran 
y se lamentan.





Rafael Serrano Ruiz- Madrid -España





Necesito creer en el hombre





Necesito creer en el hombre
y en triunfo final del Amor,
en el supremo don de la vida
en la luz que nos da la razón.
Necesito expandir la belleza,
necesito borrar el dolor,
necesito ser fuerte y altivo,
crear un mañana y un siempre mejor.
Necesito tenerte de amigo,
necesito cuidar de la flor,
de la tierra, del libro que escribo…
Necesito que exista el Buen Dios.






Xavier Codersch- Barcelona-España








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2ºApellido
titulo
Pais

Ord
Pag
Amelinda Nuñez
Nuñez

Olvido
Uruguay
83
1
2
Ana María 
Manuel
Rosa
La mudanza
Argentina
83
2
3
Ana  
Romano

Al detener
Argentina
83
3
4
Antonio  
Costa
Imbernón
Falsa huida
España
83
4
5
Antonio
Monzonís
Guillén
Indiferencia
España
83
5
6
Araceli 
García

Dibújame
México
83
6
7
Beatriz  
Ojeda

El bazar de los niños
Uruguay
83
7
8
Begoña 
Martinez

Sin descanso
España
83
8
9
Carmen
Guzmán
Cedeño
Cuando la soledad se rebele
Venezuela
83
9
10
Clotilde 
Roman

Rayas en el agua
España
83
10
11
Cristina 
Diaz
Aragon
La taberna de los sueños rescatados
España
83
11
12
Eleonora
Gonzalez
Capria
Adelheid
Argentina
83
12
13
Esteban
Cabrejas
Martín
Se dice que somos actos y no rostros
España
83
13
14
Hector
Berenguer

Mirando el mar
Argentina
83
14
15
Ida 
Vitale

Sobrevida
Montevideo
83
15
16
Isabel 
Garrido

Siento tu ausencia
España
83
16
17
Jone
Miren
Asteinza
De gurús y de brujas
España
83
18
18
Jorge A
D´Agata

La dueña
Argentina
83
18
19
Leonora 
Gonzalez
Capria
Los naturalistas
España
83
19
21
Manuel 
Díaz
García
Estoy aquí
España
83
20
22
María Cristina 
Cordido

La sombra de los sauces
Argentina
83
21
23
Maria Eugenia  
Gulfo
Berrocal
Mundo desierto
Colombia
83
22
24
MIBEL 
García

Luto
México
83
23
25
Neus T 
Gómez

Alas rotas
España
83
24
26
Pablo 
Barattini
Vidal
Verde
Argentina
83
25
27
Paco José  
Gonzalez

Ya se fugó la vida camino de lo amado
España
83
26
28
Patricia 
Cuaranta

De la Babel antigua…
Argentina
83
27
29
Pilar Ferrer
Ferrer

Había una vez…
Argentina
83
28
30
Rafael
Serrano
Ruiz
sería fácil…
España
83
29
32
Xavier 
Codersch

Necesito creer en el hombre
España
83
30
33